De 1952 a 1980 el fútbol en los Juegos Olímpicos estaba completamente dominado por el comunismo. De las 27 medallas posibles 24 de ellas fueron para países de Europa del Este, algo que no era casualidad. Las normas de la competición solo permitían la presencia de jugadores amateurs y en el bloque soviético el Estado sustentaba a los futbolistas por lo que podían mantener su status de “no profesionales”. Hubo que esperar hasta 1984 para que se buscara una solución, que solo fue intermedia, ya que fue en 1992 cuando se decidieron adoptar las reglas que se mantienen hasta el día de hoy, con selecciones sub-23 además de la opción de contar con tres jugadores que superen esa edad. Tras el triunfo de España en 1992 se esperaba que las grandes selecciones del fútbol mundial monopolizaran las medallas durante las siguientes Olimpiadas, pero sorprendentemente fueron dos países africanos los que alcanzaron la gloria en Atlanta ’96 y en Sidney ’00.

ATLANTA 1996

Nigeria llegó a los Juegos Olímpicos de 1996 con la intención de demostrar que su buena actuación en el Mundial de dos años antes no fue casualidad. Los africanos perdieron en los octavos de final contra Italia tras un milagroso gol de Roberto Baggio que llevó el partido a la prórroga. En el tiempo extra Il Codino volvió a anotar para dejar fuera a una selección nigeriana que dio la sensación de tener potencial para llegar mucho más lejos. Amokachi, Amunike, Okocha o Uche formaban la columna vertebral de este equipo, que se añadió para el torneo Olímpico a un joven crack que ya era una de las referencias del Ajax de Amsterdam con apenas 19 años, Nwankwo Kanu.

Tanto la semifinal como la final fueron partidos tremendos contra dos de las selecciones sudamericanas más potentes, Brasil y Argentina. Ambos conjuntos se tomaron muy en serio el torneo llevando a sus mejores jugadores, por lo que para conseguir la medalla, las Águilas Verdes dejaron en el camino a jugadores de la talla de Ronaldo, Bebeto, Rivaldo, Crespo, Burrito Ortega o el Piojo López. Una proeza que lamentablemente no ha tenido continuidad en la selección absoluta. Recomendamos encarecidamente ver ambos partidos, aunque en este artículo nos gustaría hacer la crónica de la semifinal contra la canarinha, que acabó con un espectacular 4-3 tras un gol de oro de Kanu en la prórroga.

Nigeria – Brasil (Final Juegos Olímpicos 1996)

Tras haberse enfrentado en la primera fase (con victoria canarinha por 1-0), las selecciones de Brasil y Nigeria volvían a verse las caras en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atlanta. Los sudamericanos contaban con auténtico equipazo dispuestos a conseguir su primer título olímpico tras caer en dos finales durante los años 80. Roberto Carlos, Juninho, Ronaldo, Rivaldo, Savio, Conceiçao o Dida formaban una plantilla de ensueño de la que saldría la columna vertebral de la selección que lograría el Mundial 2002 de corea y Japón. A ellos se unían los campeones del mundo en el 94 Bebeto y Aldair como refuerzos mayores de 23. Nigeria por su parte contaba con el mejor equipo de su historia con jugadores que comenzaban a despuntar en las grandes ligas europeas: Kanu, Amunike, Okocha, Babangida, Babayaro o West lideraban a una de las grandes generaciones del fútbol africano.

El gol de Conceiçao nada más comenzar el encuentro hacía presagiar una lluvia de goles entre dos enormes delanteras. Los nigerianos, valientes, buscaron el empate que acabó llegando en la jugada más tonta de la primera parte con un gol de Roberto Carlos en propia puerta tras una gran jugada de Babayaro. El choque estaba muy igualado pero la calidad de los delanteros brasileños acabó desnivelando la balanza a su favor con dos tantos de Bebeto, tras una gran cabalgada de Ronaldo, y el segundo de Conceiçao con una bonita llegada desde atrás tras una impresionante dejada de pecho del ex-atlético Juninho. La canarinha dominaba el encuentro y nada hacía presagiar una reacción de las Águilas Verdes en la segunda mitad.

Brasil salió en los segundos 45 minutos con la clara intención de sentenciar. Un gol anulado a Juninho, un fallo de Ronaldo a puerta vacía tras regatear al guardameta y varias ocasiones más dejaron con vida a los nigerianos que buscaban meterse en el encuentro. Para ello tuvieron un penalti que no supieron aprovechar, pero a poco más de 10 minutos del final Ikpeba recortaba distancias y metía el miedo en el cuerpo a los brasileños que introducían más pólvora en el césped con la entrada de Savio y Rivaldo. Ya en el tiempo suplementario una genialidad de Kanu picando el balón sobre Dida para remachar posteriormente dejaba el definitivo 3-3 que mandaba el partido a una prórroga que nadie hubiera imaginado apenas un cuarto de hora antes.

El tiempo extra se jugaba con la norma del gol de oro. El que marcara ganaba el partido, sin opción de reacción para su rival. Los nigerianos, muy serios durante todo el choque, habían sabido sufrir y gestionar los tiempos del partido y comenzaron los 30 minutos adicionales con la misma actitud. Enfrente un conjunto brasileño que se sentía superior pero que llevaba muchos minutos jugando con fuego… hasta que acabó quemándose. Una espaldinha de los nigerianos, parece que involuntaria, dejó el balón en los pies de Kanu que con mucha sangre fría recortó para batir a Dida. Ya no había vuelta atrás, Brasil había perdonado y Nigeria remontó para conseguir una heroica victoria que les daba el pase a la final contra Argentina. En otro inmenso partido de las Águilas contra la albiceleste, los africanos lograron una medalla más de oro que nunca contra algunos de los mejores jugadores de su época.

SIDNEY 2000

Cuatro años después fue la selección de Camerún la que alcanzó la final con una de las mejores plantillas del fútbol africano. Geremi, Eto’o, Wome o Lauren estaban entre los seleccionados, además de un portero de solo 16 años que terminaría triunfando en la Liga Española, Carlos Kameni. Por encima de todos ellos destacaba un Samuel Eto’o  que acababa de llegar a Real Mallorca donde explotaría definitivamente antes de consolidarse como uno de los mejores delanteros del mundo en el F.C Barcelona.

Para lograr el título, los cameruneses tuvieron que llegar a la tanda de penaltis contra la selección española. En la Roja había hasta 4 jugadores que 10 años después levantarían la Copa del Mundo en Sudáfrica: Xavi, Puyol, Capdevila y Marchena. El resto, jugadores que han desarrollado largas y exitosas carreras deportivas en el fútbol española como Angulo, Albelda, Gabri, Aranzubía, Jose Mari o Tamudo entre otros. Un dignísimo rival que da todavía más mérito a la victoria de los Leones Indomables en la competición.

Camerún – España (Final Juegos Olímpicos 2000)

España salió desde el primer minuto a demostrar su superioridad y lo consiguió gracias a un tanto de Xavi Hernández nada más comenzar el encuentro. Una falta al lado del portero que sorprendió a Kameni y ponía el 1-0 en el marcador. Poco después Angulo tuvo la oportunidad de ampliar la distancia tras un penalti a Jose Mari, pero el ex-valencianista lanzó flojo y centrado, sin problemas para que Kameni atajara. Desde ese momento los cameruneses comenzaron a hacerse con el medio campo y a generar las ocasiones más peligrosas. España se defendía como podía y se dedicaba a mandar balones largos a Jose Mari y Tamudo que no eran capaces de bajar el esférico al suelo. En el último minuto de la primera parte Gabri se quedó solo contra el guardameta africano y cruzó para hacer el 2-0, que no reflejaba lo visto en el césped. Los dos goles psicológicos de España nos dejaban ante una segunda mitad en la que los Leones Indomables debían darlo todo para lograr la remontada.

En el segundo tiempo el partido siguió por los mismos derroteros, con una Camerún dominante, pero en esta ocasión con mayor acierto en al área rival. La entrada de Kone aportó un punto mayor de intensidad a los africanos que recortaron distancias muy pronto tras un gol en propia puerta de Amaya tras un centro de Mboma. Los Leones vieron un agujero en la banda izquierda española y lo aprovecharon sin compasión. Tras un nuevo error de Amaya que rompió el fuera de jugo, Etoo marcó el empate e hizo justicia con lo visto sobre el campo. El asedio de los Leones mantenía a España contra las cuerdas y la situación se complicó con la expulsión clara de Gabri, que clavó los tacos a un rival. Curiosamente La Roja pasó menos apuros con un jugador menos. Entonces el árbitro mexicano comenzó una serie de errores en contra de los intereses españoles que concluyeron con una rigurosísima segunda amarilla a Jose Mari por tirarse en el área. Se llegaba al fin de los 90 minutos y España tendría que jugar la prórroga con 9 jugadores.

Los 9 espartanos mantuvieron el tipo durante los 30 minutos extra y consiguieron la heroicidad de llegar a una tanda de penaltis que decidiría la medalla de oro. Ambos equipos estuvieron muy seguros desde los 11 metros hasta el turno de Amaya. El central español se acercó muy acelerado al lanzado y completó una tarde para el olvido mandando el esférico al larguero. Aunque España fue un digno rival, especialmente con inferioridad numérica, el fútbol hizo justicia y los Leones Indomables revalidaron el título para el continente africano.