“Cuando Argentinos Juniors juega de local los Cebollitas se ponen el buzo para alcanzar la pelota que sale de la cancha. Y al terminar el primer tiempo un morochito hace jueguito para la tribuna. Si usted estuvo en la cancha de Argentinos, seguramente se habrá sumado al aplauso general, reconociendo la habilidad del zurdito. Ese chico se llama Diego Maradona. La rompe. Pero se mantiene sin afectaciones ni agrandes.”. El periodista del Gráfico Horacio del Prado fue el encargado de visitar a los canteranos de Argentinos tras haber escuchado que en sus filas había un pequeño genio de apenas 12 años. Aquel reportaje fue el punto de partida de un futbolista de leyenda que por tener tiene hasta su propia religión, Diego Armando Maradona.

Tras una exitosa carrera en la que jugó hasta en 6 clubes diferentes, además de en la selección argentina donde llegó a disputar cuatro Mundiales, son dos etapas de su vida deportiva las que han elevado la figura del 10 a un nivel celestial: los títulos de un Nápoles que hasta entonces era un mero espectador de los triunfos de los grandes del fútbol italiano y el mágico torneo de México 86 en el que una mano divina y un gol estratosférico de Diego iniciaron la conquista albiceleste de su segundo y último cetro mundial hasta la fecha. Desde Footballia nos gustaría repasar la trayectoria de Maradona a nivel de clubes en 5 partidos, desde que consiguió su sueño de debutar en Primera con Argentinos Juniors hasta su retirada más de 20 años después en La Bombonera vistiendo la camiseta xeneize.

Argentinos Juniors – Boca Juniors (Campeonato Nacional Argentino 1980)

El partido entre Argentinos, donde comenzaba a destacar Maradona, y Boca Juniors tenía un morbo especial después de los comentarios del Loco Gatti en la prensa. Aunque él siempre afirmaría que sus palabras se tergiversaron, lo cierto es que las declaraciones del guardameta bostero no dejaban en muy buen lugar a la joven promesa del fútbol argentino: “Es muy buen jugador, el mejor del momento, a quien se está inflando de manera increíble. Me preocupa su físico. Tengo la sensación de que en pocos años más no va a lograr contener su tendencia a ser un gordito…”. El manager de Diego en aquel tiempo, Jorge Cyterszpiller, quiso motivar a su pupilo diciéndole que para vengarse marcara dos goles a Gatti, pero lo que no esperaba era la respuesta del Pelusa: “No, Jorge, no. Le voy a meter cuatro”. Y la predicción del 10 se haría realidad…

Desde que el balón se puso en movimiento en el encuentro quedó claro el amor de la hinchada local por su número 10. Cada vez que Maradona tocaba el balón, los murmullos del Estadio José Amaltifani dejaban claro que estábamos ante un jugador diferente. Todo el frente de ataque de Argentinos dependía de un Diego que bajaba a recibir y regalaba detalles de su inmensa calidad como un precioso taconazo. El intercambio de golpes de la primera parte dejó un 3-2 en el marcador para los locales. De todos los tantos destaca el que rompía la igualada a pocos minutos de la pausa cuando Maradona lanzó una falta al segundo palo, que entró por la mismísima escuadra y que el Loco Gatti solo pudo ver cómo le pasaba por encima. (Un tanto muy similar a uno que marcó su discípulo Messi al Atlético de Madrid años después).

Nada más empezar la segunda parte, el “barrilete cósmico” aumentaba la distancia en el marcador cruzando el balón ante Gatti con una tranquilidad pasmosa. Argentinos Juniors se movía al son que marcaba un Maradona que decidió bajar las revoluciones del partido, consciente de que gran parte del trabajo estaba ya hecho. Sin embargo, al 10 no se le olvidaba que todavía necesitaba marcar un gol para cumplir su promesa y con la expulsión del xeneize Ribolzi todo se le ponía de cara para conseguirlo. A poco más de 10 minutos del final, un nuevo lanzamiento de falta completó la hazaña, quitando de nuevo las telarañas de la escuadra de un Gatti que debió de arrepentirse durante los 90 minutos de sus declaraciones. El 5-3 final, con 4 tantos del Diego, dejaba a las claras que estábamos ante la consolidación de una estrella del fútbol mundial, que poco tiempo después cambiaría Argentinos por sus rivales de aquella mágica tarde…

Boca Juniors – River Plate (Primera División Argentina 1981)

En 1980, Argentinos quedó en segunda posición en el torneo Metropolitano solo por detrás de River Plate. Aquella hazaña provocó que todos los grandes del país quisieran hacerse con los servicios de aquel descarado y habilidoso jugador que había guiado a los Bichos Colorados al subcampeonato, siendo además el máximo goleador del torneo. River Plate fue el que pujó más fuerte, pero el Pelusa tenía claro que quería jugar en La Bombonera. Los xeneizes tenían problemas económicos, pero finalmente consiguieron llevarse al Diego cedido cumpliendo así sus deseos. En su único año completo en el conjunto boquense, los de azul y oro lograron el torneo Metropolitano tras 5 años de sequía en el torneo doméstico. Eso sí, Boca contaba con la base del equipo que había obtenido las Libertadores de 1978 y 1979.

De esta temporada se recuerda una brillante victoria contra River Plate en La Bombonera por 3-0. Un doblete de Brindisi y un golazo de horchata en las venas de Maradona sirvieron para derrotar al eterno rival y dar un golpe encima de la mesa en camino hacia el título. Los Millonarios contaban en sus filas con algunos de los héroes del Mundial de Argentina 78 como Fillol, Tarantini, Passarela o el Matador Kempes, pero no fue suficiente para detener al vendaval xeneize. Como curiosidad, destacar que en Boca Juniors jugaban los padres del ex de Getafe y Atlético Pernía y de Perotti, el actual jugador de la Roma.

Barcelona – Real Madrid (Final Copa 1982 – 1983)

Las maravillas del genio de Fiorito llegaron a Europa y Boca Juniors poco pudo hacer para retener a la joven estrella. El Barcelona fue el que se llevó el gato al agua y se trajo al argentino al Camp Nou. Todo hacía presagiar una época dorada del club culé, que no ganaba el título de Liga desde los tiempos de Johan Cruyff, pero lo cierto es que el paso de Maradona por España no fue tan exitoso como se esperaba, siendo una Copa del Rey el trofeo más importante que obtuvo. La lesión tras una entrada criminal del vasco Goikoetxea y la final de Copa en la que acabaron a palos, de nuevo contra el Athletic, fueron el principio del fin de la relación del Diego con el club blaugrana.

La final de Copa de la temporada 1982 – 1983 enfrentaba al Real Madrid y al Barcelona en la Romareda. Schuster y Maradona eran las principales estrellas de un equipo que contaba con míticos barcelonistas como Lobo Carrasco, Marcos Alonso o Victor Muñoz. Enfrente, varios de los jugadores del Madrid de las remontadas: Juanito, Santillana, Camacho… o el alemán Stielike. El dominio del rubio Schuster en el mediocampo y la magia del Pelusa como enganche sirvieron para lograr una victoria merecida victoria para la que hubo que esperar hasta el último minuto cuando Alonso puso el 2-1 definitivo en el marcador.

EL MILAGRO DE SAN PAOLO

Hasta mediados de los años 80, la sureña ciudad de Nápoles simplemente era conocida por acoger a numerosas personalidades de la “cosa nostra” y por estar rodeada por varios de los mayores volcanes de Europa.
Algo cambió en la ciudad napolitana cuando Diego Armando Maradona llegó procedente del Barcelona y consiguió congregar en el Estadio San Paolo a 60.000 personas sólo para su presentación. Durante varias temporadas fue capaz de llevar a su equipo a lo más alto, ganando dos Scudettos y una copa de la UEFA.

Este éxito podría considerarse una proeza futbolística sin más, donde un equipo humilde consigue mojar la oreja a los grandes del país. Pero fue mucho más que eso ya que por primera vez en la historia un equipo del sur ganó el Scudetto, algo impensable anteriormente. Los ricos del norte fueron derrotados por el patito feo, el vecino pobre. Esto produjo un boom en un país que descubrió que había vida más allá de Roma. Como era normal, el Nápoles empezó a ser tomado en cuenta, siendo un equipo que incomodaba en el Norte del país. El Pelusa y los suyos eran recibidos en los estadios con el irónico saludo de BIENVENIDOS A ITALIA. En el San Paolo no se quedaron atrás y reflejaron el sentimiento napolitano de estar a años luz de los focos y monumentos de sus vecinos: ¿MILÁN, TURÍN, VERONA? SI ESO ES ITALIA, PREFIERO VIVIR EN ÁFRICA.

Nápoles – Juventus (Cuartos de final Copa de la UEFA 1988 – 1989)

Los cuartos de final de la Copa de la UEFA 1988 – 1989 enfrentaban a dos equipos italianos. Nápoles y Juventus trasladaban su rivalidad doméstica a la competición europea. La leyenda Dino Zoff dirigía a los turineses que contaban con el veterano Altobelli y el danés Michael Laudrup en sus filas. En el partido de ida en el Stadio Comunale la Vecchia Signora logró un 2-0 que dejaba la eliminatoria muy de cara para la vuelta… El San Paolo vistió sus mejores galas para recibir a los azzurri, demostrando a sus jugadores que confiaban en la remontada. Un penalti marcado por Maradona a poco de comenzar daba esperanzas a los locales, que finalmente pudieron igualar la eliminatoria cuando se llegaba al descanso. El marcador no se movió hasta el último minuto de la prórroga cuando Renica hizo enloquecer al estadio con un remate de cabeza que dejaba en la cuneta a los bianconeri. El Bayern y el Stuttgart de Klinsmann tampoco pudieron con el empuje napolitano en la semifinal y en la final respectivamente y los italianos consiguieron un título que apenas 4 o 5 años atrás era inimaginable en la ciudad a las faldas del Vesuvio.

Nápoles – Milán (Liga italiana 1988 – 1989)

El Nápoles con Maradona obtuvo dos ligas italianas y una Copa, logrando el doblete en la temporada 1986-1987. Estos éxitos tuvieron mucho mérito, no solo porque era la primera vez que el Nápoles dominaba el Calcio, sino porque coincidieron con algunas de las mejores plantillas del fútbol italiano, como la Juventus de Platini o el Milán de los holandeses de finales de los años 80. Por ello nos gustaría recordar esta goleada contra el conjunto de Arrigo Sacchi, en un año en el que los rossoneros acabarían siendo campeones de Europa con una plantilla de ensueño: Maldini, Baresi,  Costacurta… y dos de los eurocampeones de aquel año, los holandeses Rijkaard y Van Basten. El Nápoles por su parte tenía una estructura defensiva muy asentada y un tridente ofensivo que marcaba la diferencia: Careca, Carnevale y el propio Maradona.

La estrategia del Milán durante el partido fue cuanto menos sorprendente. Los de Sacchi jugaban con la defensa muy adelantada con el riesgo que suponía ante un rival de la calidad del Nápoles. La primera parte fue muy táctica, con los visitantes intentando llevar el peso del partido, pero con unos azzurri que tuvieron las mejores ocasiones para adelantarse en el marcador. Las salidas milanistas con 6 o 7 jugadores en busca de la portería contraria combinaban valentía con inconsciencia a partes iguales, jugándose el partido a la ruleta rusa. Y a pocos minutos del descanso llegaron dos picotazos del Nápoles que supo aprovechar los espacios a la espalda de la defensa para abrir hueco en el marcador. Una inverosímil vaselina de cabeza de Maradona y otro tanto de Careca dejaban el partido muy de cara para los locales mientras el San Paolo vibraba.

Los rossoneros habían acusado el golpe y el vestuario no les hizo cambiar de actitud. Nada más comenzar la segunda mitad, el defensa Francini ponía el 3-0 en el luminoso tras una gran contra. Los napolitanos habían pillado el truco y si no hubiera sido por su precipitación entrando repetidamente en fuera de juego la goleada podría haber sido de escándalo, ya que el Milán estaba totalmente perdido en defensa. El Napoli bajó de marcha y el Milán lo aprovechó para acercarse al área de Giuliani. Un gol de Virdis de penalti redujo las distancias en el marcador y los rossoneros, liderados por su dupla holandesa, jugaron sus mejores minutos aumentando la intensidad, a veces desmedida como en la fea entrada de Maldini a Maradona. Los centrales milanistas no estuvieron a la altura, con fallos incomprensibles para jugadores de la talla de Baresi o Costacurta. Tras otro error infantil de los visitantes, Careca puso el definitivo 4-1 que reflejaba la diferencia de aquella tarde entre ambos equipos. El Nápoles finalmente quedó segundo en la clasificación aquella temporada, solo superado por el Inter de Milán de Ramón Diaz y Matthäus entre otros.

Tras dejar Nápoles, Maradona jugó en Newell´s Old Boys, Sevilla (donde se reencontró con Bilardo) y de nuevo en Boca Juniors, en el que acabaría retirándose. Su último partido como profesional fue un Clásico, en el que los Bosteros asaltarían el Monumental para vencer por 1-2. El genio de Fiorito sería sustituido por un imberbe mediapunta de 19 años que con el tiempo se convertiría en el mejor jugador de la historia del club de la Boca, Juan Román Riquelme.