Durante el sorteo del pasado Mundial fueron muchos los que se sorprendieron de ver a Polonia en el bombo 1 como cabeza de serie. La prensa, sobre todo española, tenía claro el motivo: Los polacos supieron aprovechar las triquiñuelas del sistema de clasificación de la FIFA para mantenerse por encima de otras selecciones como la propia España (no jugaron amistosos para no perder puntos). Aparte de que esta pequeña artimaña fuera verdad, lo cierto es que la selección polaca ha conseguido juntar un sólido bloque alrededor de Robert Lewandowski que aspira a reverdecer viejos laureles de un país con mucha solera en la historia de los Mundiales. Aunque desde 1990 los Biało-czerwoni (blanco y rojo) solo han conseguido clasificarse dos veces sin ser capaces de superar la primera fase, estamos ante una selección que ha logrado hasta en dos ocasiones el tercer puesto del torneo mundialista.

No se puede hablar de Polonia en los Mundiales sin recordar al que posiblemente haya sido el mejor jugador polaco de todos los tiempos, Grzegorz Lato. El velocísimo extremo de Malbork consiguió la Bota de Oro en Alemania 1974 con 7 goles en 7 partidos, donde la selección polaca logró un meritorio tercer puesto tras caer en el definitivo partido de la Segunda Fase contra Alemania con un solitario gol de Torpedo Müller. Lato jugó la mayor parte de su carrera en el Stal Mielec de su país, donde estuvo hasta superar la treintena, ya que las leyes del país obligaban a los jugadores a mantenerse en la liga local hasta llegar a esta edad. Tras renunciar a una invitación del mismísimo Pelé para jugar en el Cosmos, el polaco jugó en Bélgica y México antes de retirarse del fútbol profesional.

8 años después del exitoso Mundial 74, los polacos volvieron a repetir la proeza en España 1982. A la punta de velocidad de Lato, que ya contaba con 32 años, se unía en esta ocasión el olfato goleador del delantero Boniek, que tras realizar un gran torneo acabaría fichando por la Juventus de Turín, donde vivió una época dorada que concluyó con la Copa de Europa de 1985, más recordada por la terrible avalancha del estadio Heysel. A Boniek siempre le quedará la espinita de que una lesión no le permitiera disputar la semifinal del Mundial 82 contra la Italia de Rossi, que a la postre acabaría obteniendo el título. Sin embargo, para el recuerdo quedará su hattrick contra Bélgica en la segunda fase que abrió las puertas de la semifinal para su selección, una exhibición del 20 polaco que hoy recordamos gracias a Footballia.

Polonia – Bélgica (Segunda Fase Mundial 1982)

Polonia llegaba a esta segunda fase después de haberse quedado por encima de Italia en el grupo. Una hazaña para un equipo en el que 10 de los titulares seguían jugando en la liga local, con la única excepción de Lato que formaba parte del Lokeren belga. En esta ocasión deberían enfrentarse a la propia Bélgica y a la URSS por un puesto en las semifinales. El primer encuentro sería contra los Diablos Rojos que mantenían la columna vertebral que les llevó a la final de la Eurocopa de 1980.

Polonia apenas tardó 4 minutos en abrir el marcador tras una combinación de su dupla letal. Lato desbordó por la banda derecha y cedió a Boniek que pone el 1-0 en el luminoso. El ataque Bialo-czerwoni lo completaba Smolarek, otro gran talento de la escuela polaca. Los belgas intentaban controlar el partido, pero la amenaza continua del tridente, capaz de plantarse en la portería rival en apenas 3 pases, asustaba a los rojos que no se decidían a ir a por el partido. Especialmente peligrosas eran las arrancadas de Lato por la banda derecha, un puñal durante todo el encuentro. Tras una nueva contra llegó el segundo gol de Boniek que remató de cabeza por encima del guardameta Custers. Desde ese instante Bélgica dio un paso adelante liderados por el defensa Vercauteren, pero lo cierto es que la mejor oportunidad antes del descanso fue un remate de Smolarek al poste, que a punto estuvo de sentenciar la contienda.

Los polacos no querían sorpresas en la segunda mitad y salieron con la intención de finiquitar el choque. Una gran triangulación de Smolarek, Lato y Boniek acabaría con el hattrick del que sería delantero de la Juventus para completar un encuentro perfecto. Solo contra Custers, lo regateó con mucha sangre fría para marcar a puerta vacía. El partido fue un verdadero recital de contraataques para enseñar en las escuelas de entrenadores, incluso Boniek recibió una sonora ovación del Camp Nou tras su enésimo jugadón de la tarde. Los Diablos Rojos, mermados por las bajas de Pfaff o Gerets tiraron de orgullo y a punto estuvieron de recortar distancias tras un disparo de Van Der Bergh que dio en el larguero. En el último cuarto de hora ambos equipos bajaron el pistón y apenas hubo ocasiones, pero aun así hubo tiempo para que el cancerbero Mlynarczyk mostrara su temple. El choque acabó como comenzó, con una carrera endiablada de Lato, que destrozó a un jugador que acababa de entrar al campo, dejando claro que con 32 años no había perdido ni un ápice de velocidad. Este 3-0 y el posterior empate sin goles ante la URSS fueron suficientes para que Polonia se clasificara de nuevo para unas semifinales mundialistas, consiguiendo así un nuevo éxito para un país que nunca más volvería a acercarse a los registros de aquellos años…