No estaba arbitrando un partido de fútbol, estaba actuando como un juez en un conflicto militar«. Así resumía el colegiado inglés Ken Aston sus sensaciones tras la conclusión del encuentro Chile-Italia del Mundial 19662, considerado uno de los partidos más duros de la historia del fútbol y bautizado como “La batalla de Santiago”.

Llegaban los dos equipos al choque con muchas cuentas pendientes por varios enfrentamientos entre los periódicos de ambos países. Todo comenzó cuando dos periodistas italianos acudieron a Chile, que había sufrido un enorme terremoto dos años antes del evento, y realizaron una crítica feroz sobre la elección del país sudamericano como sede del Mundial. Este pequeño extracto deja bastante clara la poca simpatía que les transmitía el país sudamericano: “Bajo éstos aspectos, Chile es terrible y Santiago su más doliente expresión, tan doliente que pierde en ello sus características de ciudad anónima”. Los chilenos no tardaron en dar respuesta, en la que afirmaron que ellos también vieron mucha pobreza en el sur de Italia cuando viajaron de gira por Europa pero prefirieron hablar de las bellezas de Venecia y Florencia.

Con esta guerra dialéctica previa, llegaban los dos equipos al partido con la imperiosa necesidad de ganar para tener opciones de solventar la primera fase. Al entrar en el campo los italianos tiraron claveles al público en señal de paz, algo que no sirvió para mucho ya que fueron recibidos con una tremenda pitada por parte de los asistentes al Estadio Nacional. Incluso se cuenta que el internacional azzurro Sivori prefirió no jugar, consciente de la violencia que se iban a encontrar en el césped.

Chile – Italia (Primera fase del Mundial 1962)

La Batalla de Santiago muestra un deporte de otro tiempo con una violencia difícil de imaginar en el fútbol del siglo XXI. Desde el saque de centro ambos equipos comenzaron a propinar patadas a sus rivales sin importar las consecuencias de esta excesiva agresividad. El colegiado intentó cortar por lo sano y a los 7 minutos expulsó al italiano Ferrini por una terrorífica entrada a Honorino Landa. El transalpino no paraba de protestar y se negaba a abandonar el campo, por lo que la policía chilena tuvo que entrar al césped para llevárselo en una escena muy cómica más digna de Benny Hill que de un Mundial de fútbol. Los periodistas y los inquietantes personajillos con gorrito que entraban al rectángulo de juego sin miramientos añadían un toque adicional de surrealismo a la escena. La expulsión no calmó los ánimos de ninguno de los dos bandos que seguían revolucionados, por lo que los médicos tuvieron que entrar de nuevo a atender a un jugador lesionado.

En el plano meramente deportivo, Altafini demostró su calidad con varias arrancadas, llegando en una de ellas un remate de cabeza clarísimo que los italianos no fueron capaces de materializar. Había poco fútbol y mucha pelea, por lo que no era de extrañar que en los últimos minutos de la primera parte se montara una nueva tangana que dejó en muy mal lugar al colegiado inglés. El chileno Leonel Sánchez recibió una falta del defensa Mario David que en el suelo le dio varios puntapiés. El jugador local se levantó y le respondió con un puñetazo en toda la cara. El árbitro, superado por la situación, no quiso ver la agresión y prefirió continuar con el partido. Como era de esperar, el italiano esperó su momento para vengarse con una patada voladora que esta vez sí fue sancionada con la expulsión. La escuadra azzurra se quedaba con 9 jugadores en un encuentro donde había quedado clara la doble vara de medir de un aterrorizado Ken Aston.

En la segunda parte se calmaron un poco los ánimos y los chilenos aprovecharon su superioridad para centrarse en el objetivo de abrir el marcador. Los disciplinados italianos fueron capaces de replegarse atrás y mantener su puerta a cero durante media hora, pero poco pudieron hacer ante el gol de Ramírez. Un balón a la olla fue despejado por Mattrel y el chileno que llegaba solo remató de cabeza metiendo el balón en la portería por encima de dos defensores. Con el 1-0 en el marcador y los italianos rendidos, Toro aumentó la renta con un gran disparo desde fuera del área que sentenciaba el encuentro.

Tras el choque las reacciones no se hicieron esperar. El periodista inglés David Coleman presentó el partido para sus paisanos con el siguiente titular: “Buenas tardes. El juego que están por presenciar es la exhibición de fútbol más estúpida, espantosa, desagradable y vergonzosa, posiblemente, en la historia de este deporte”. Demos las gracias de que en aquel mismo Mundial también pudimos disfrutar de la magia de Garrincha, Vava o Masopust, que compensaron la vergüenza de aquel fatídico partido tristemente recordado como el más violento de la historia de los Mundiales.

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